
🌒 Bienvenidas a Daemonomanía: donde la realidad pierde el juicio
“Las brujas no existen… hasta que arden”
Aquí no se viene a buscar certezas. Aquí se viene a perderlas con estilo.
Esta página nace como un umbral que conduce a una trastienda, un claro del bosque, una caverna con ecos de voces antiguas y conexiones nuevas. Se llama Daemonomanía —sí, como aquella obsesión antigua por lo demoníaco, pero también como ese vértigo moderno ante lo inexplicable, lo indócil, lo real cuando se desnuda de consensos.
No estamos aquí para apaciguar almas. Estamos para encenderlas.
Un laboratorio de pensamiento, un altar portátil, un diario de anomalías. Una recopilación de ensayos, conjuros, notas, preguntas sin respuesta y afirmaciones sin dueño. Nos interesan las regiones donde la filosofía se vuelve ritual, donde el pensamiento tropieza con lo simbólico, y donde el delirio no excluye a la lucidez sino que la seduce.
Daemonomanía es lo que pasa cuando el pensamiento se deja poseer.
A quienes no temen caminar sin linterna.
A quienes dudan del mundo no porque no lo amen, sino porque sospechan que les están dando una versión censurada.
A las que conversan con fantasmas, estudian sin fe, aman sin propiedad y conspiran por placer.
A brujas y a escépticos. A anarquistas con altar y a esotéricas con hambre de revuelta.
Una mirada torva, desconfiada, que no traga entero.
Una mirada que no cree en el “creer por creer”, ni en la supuesta neutralidad de los hechos. Que entiende que toda epistemología es política, que todo lenguaje tiene cuerpo, que todo cuerpo guarda memoria, y que toda memoria es un campo de batalla.
Aquí se habla desde una espiritualidad sin obediencia.
Desde una anarquía con símbolos.
Desde una crítica que aún ama lo que destruye.
Si este blog puede tener espíritu, que este sea el de una hermandad errante, un sabbat sin calendario, una corriente de pensamiento que escribe con tinta y con sangre.
Porque la daemonomanía fue, en otro tiempo, el nombre que usaban los inquisidores para etiquetar a quienes “veían demasiado”. A las mujeres que soñaban raro. A los hombres que hablaban con plantas. A las niñas y niños que no obedecían. A las viejas que sabían.
Pero también es el nombre que podríamos recuperar para una pasión por lo invisible, una ética del desborde, una enfermedad de la lucidez.
Es el fuego que no arde pero quema.
Es el grito que nadie oyó pero muchos recuerdan.
Es la risa en medio del ritual.
Es lo que aparece cuando las estructuras se tambalean.
Y si alguna noche lees algo aquí que no entiendes, pero no puedes dejar de pensar en ello, enhorabuena: eso era la idea.
Este no es un refugio, sino una trinchera.
No una catedral, sino una gruta.
No un panfleto, sino un grimorio.
Sí.
Aquí no prometemos iluminación.
Prometemos niebla.
Pero de esa niebla que revela siluetas nuevas, gestos antiguos, palabras olvidadas que tal vez un día fueron tuyas.
“Escribe para ser poseído. Lee para convocar. Vive como si el mundo aún pudiera ser reencantado.”
Bienvenida a Daemonomanía.
Ojalá algo aquí te persiga.